miércoles, 2 de marzo de 2011

EQUIDAD DE GENERO Y LIBERTADES HUMANAS

INDICE
Introducción ............................................................................................................................................................... 3
Sexo y género en las relaciones humanas ........................................................................................................... 4
La construcción social del género .......................................................................................................................... 6
Las relaciones de género en los sistemas educativos ........................................................................................ 7
Equidad de género y libertades humanas: propuesta para la transformación educativa. ............................. 9
Conclusiones ........................................................................................................................................................... 11
Referencias bibliográficas ..................................................................................................................................... 12
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Introducción
El origen de las relaciones humanas se encuentra caracterizado por estados de convivencia en las que la emoción y el lenguaje, juegan un papel fundamental en el tipo de relaciones que se establecen para hombres y mujeres. En el devenir de la historia humana, el sexo y el género, así como sus principios masculino y femenino, han servido para determinar modos de ser y hacer que los colocarán en posiciones antagónicas. Los efectos de esta separación, han tenido enormes consecuencias en la conformación de las sociedades actuales y en el predominio de una visión androcéntrica, en la que la mujer es condenada a vivir una historia de marginación, privaciones e inequidades sociales. En nuestros días, los rápidos y vertiginosos cambios que estamos experimentando en los diversos espacios relacionales en los que nos desenvolvemos, están cuestionando fuertemente el modelo de dominación de la cultura patriarcal en la que nos encontramos, porque no ha colocado en una grave crisis de identidad que atenta contra nuestra dignidad y condición humana. Pero ¿Qué papel ha jugado el sexo y el género en la definición de nuestras relaciones sociales?, ¿Cómo se construye el género?, ¿Cuáles son las características y los efectos de la cultura patriarcal en nuestras relaciones sociales? ¿Qué implicaciones tienen las relaciones de género en los sistemas educativos?, ¿Qué podemos hacer como educadores para que exista una mayor equidad de género? En el desarrollo de este trabajo se intenta dar respuesta a estas preguntas a partir de los planteamientos expresados por figuras como Maturana, Verder, Eisler, Muraro, Boff, Gutiérrez, Racionero y Krishnamurti, Peredo y Velasco; así como con las reflexiones personales derivadas del trabajo académico que se está realizando en educación básica y superior. La idea es compartir desde la razón y la emoción un punto de encuentro que nos permita transitar hacia un nuevo orden social más humano y justo. Para ello, en el primer apartado se expresan algunas consideraciones sobre la aparición y evolución del sexo y del género en los seres humanos. Al hacerlo se destacan las características biológicas y culturales que definen nuestras formas de Ser y hacer y que dan origen a diversos modelos culturales. En el segundo apartado se hace énfasis en la construcción social del género y sus principios masculino y femenino, a través del análisis de tres culturas del devenir humano llamadas matrística, patriarcal y neomastrística, para identificar el fluir emocional que las caracterizó y los modos de relacionarse que existieron en cada una. En este mismo apartado se destaca el grado de influencia, dominación y control de la cultura patriarcal para construir relaciones de desigualdad en detrimento del género femenino. En el tercer punto, se describen los efectos de las relaciones de género en los sistemas educativos y la forma en que dichas relaciones son reproducidas por los docentes, provocando inequidad y autoritarismo en la educación. En este mismo tema, se enfatiza que el sistema educativo se encuentra en una grave crisis de credibilidad por el excesivo centralismo y burocratismo que limita la acción educativa de los docentes y aprendientes. Por último, se destaca la importancia de transitar hacia un nuevo orden social de mayor equidad y libertad, mediante una propuesta de transformación educativa que considere los valores de la cultura matrística, los beneficios de la cultura patriarcal, los principios de la filosofía oriental, y del paradigma emergente de las ciencias. El nodo generador de esta propuesta es la equidad de género y las libertades humanas. En el desarrollo de este trabajo se quiere expresar que la educación de nuestro siglo, nos exige como educadores generar nuevos espacios relacionales de equidad y respeto a los derechos humanos fundamentales, para que nuestros aprendientes recuperen para sí la creatividad, el gozo y el placer de aprender.
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Sexo y género en las relaciones humanas
El sexo y el género han jugado un papel fundamental en la construcción de las relaciones sociales y parecen explicar las formas de convivencia generadas históricamente en el devenir humano. Pero ¿Cómo es que se originaron?, ¿Cuáles son sus efectos en la construcción de las sociedades? ¿Qué implicaciones tienen en nuestra cotidianidad? En las siguientes líneas se intentará responder a estas preguntas. El origen de las relaciones humanas, se encuentra ligado con los estados emocionales y la convivencia que cada grupo de seres vivos define para sí; en este proceso relacional la sexualidad juega un papel importante porque de ella se desprenden comportamientos para Ser y hacer que se reproducirán de generación en generación en la historia del ser humano. Boff (Citado en Muraro, 2004) señala que la sexualidad de los seres vivos aparece hace aproximadamente mil millones de años en los océanos como un momento avanzado de la vida, pero al evolucionar la vida se traslada a la tierra surgiendo los vertebrados y con ellos los reptiles y el huevo amniótico, originando el fenómeno de la reproducción en tierra firme y comportamientos nuevos como el cuidado parental, que anunciará prematuramente los rasgos fundamentales para la sexualidad humana; por ello, afirma que los océanos representan el gran útero que produce vidas, siendo por lo tanto “el principio femenino primordial y originario” (Boff, citado en Muraro, 2004: 27). Con el surgimiento de los mamíferos en tierra firme -hace unos ciento veinticinco millones de años- aparecen los primates y con ellos la emoción y el cuidado, elementos de convivencia que darán lugar a relaciones sociales basadas en la intimidad corporal, la compañía, el juego y las caricias; fuentes que definirán la forma de vivir la sexualidad.
De una ramificación de dichos primates se derivan los homínidos, seres dotados de memoria biológica, genética y sexual, desarrollada en continuos procesos de evolución. De sus necesidades de adaptación a las condiciones climatológicas y ambientales del planeta -aproximadamente entre siete y tres millones de años-, se genera el bipedismo y el uso de la mano como recursos de sobrevivencia, pero también para el agarre y la caricia. De este linaje surge el homo erectus, habilis y sapiens que somos. De acuerdo con la composición biológica del ser humano, la mujer tiene 22 cromosomas somáticas más un par de cromosomas X (XX), y el hombre 22 cromosomas somáticas y un par de cromosomas XY (Boff, citado en Muraro, 2004), de donde resulta que el sexo de base es femenino, no hay un sexo superior ni absoluto, sino apenas dominante. Por tanto, al ser biológicamente femeninos, el camino de lo masculino es una variación de la matriz femenina, “todas las glándulas genitales del hombre y la mujer son comandadas por la hipófisis, que es sexualmente neutra y por el hipotálamo que es sexuado. Estas glándulas secretan simultáneamente hormonas masculinas y femeninas pero en proporciones diferentes, dando lugar a las características sexuales secundarias…Por ello una mayor impregnación de hormonas femeninas o masculinas sobre las estructuras nerviosas del hipotálamo hará que la hipófisis funcione de modo femenino o masculino respectivamente” (Boff, citado en Muraro, 2004: 32) La mayor cantidad de andrógenos producidos por el hombre le permite disponer de una estructura muscular mayor, su corazón y pulmones son de proporciones ventajosos en comparación con la mujer, (Boff, citado en Muraro, 2004). La construcción de esta imagen biológica ha hecho que se le atribuya al hombre tareas más ligadas al peligro físico, la conquista territorial, la dominación y el juego de poder sobre los otros.
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En la mujer, su estructura biológico-hormonal la predispone a tareas ligadas a la producción, conservación, ternura, cuidado y desarrollo de la vida; sus relaciones personales se encuentran asociadas con la creación, sensibilidad y el amor. En las relaciones sexuales la mujer busca antes la fusión que el placer, más el cariño y la ternura que el intercambio sexual. “Como conjunto armónico, la sexualidad, la sensualidad y la ternura son los elementos o pilares relacionales que dan consistencia, estabilidad y duración a la pareja y la familia” (Maturana, citado en Eisler, 1998: Xvi).
Pero los fundamentos biológicos no son los únicos referentes para hablar de sexo, porque al mostrarse el ser humano bajo la diferencia hombre-mujer aparecen nuevos modos de relacionarse que darán pauta a la aparición del género como una expresión cultural que nos distingue y separa.
La aparición del género y los principios masculino y femenino, será el punto de mutación cultural para generar relaciones humanas de desigualdad y una visión androcéntrica en la que lo masculino se convertirá en el género dominante. Lucha, agresión, competencia y autoritarismo, serán modos de Ser y hacer que tendrán efectos enormes en la construcción de las sociedades.
Desde este nuevo espacio relacional las sociedades y sus sistemas distorsionarán el papel original de la mujer, como seres dotados de “poder para la regeneración física, iluminación espiritual y transformación” (Eisler, 1998: 13). Como mujeres capaces de vivir en armonía, solidaridad y respeto por todos los seres humanos, remitiéndolas a una vida de sufrimiento, privaciones e inequidades. Las implicaciones de este nuevo tipo de relaciones en lo sucesivo definirán nuestras conductas y comportamientos, provocando una crisis de identidad. En la cotidianidad de nuestras actividades este control y autoritarismo masculino se verá reflejado en todo lo que hacemos: ritos, costumbres, expectativas y lenguaje se verán cargados de una fuerte dosis sexista que nos dividirá y alentará la agresión y la competencia. Por ello, reflexionar sobre la sexualidad y el género abre la posibilidad para revisar el entramado sobre el cual hemos construido nuestras relaciones familiares, sociales y educativas; invita a redescubrirnos como sujetos libres, con consciencia individual y social, como seres biológicos y culturales; para reconsiderar lo que hemos hecho de nuestras vidas y las de los demás; para trazar un nuevo camino de equidad y colaboración con todos los seres humanos. Invita a transformarnos en co-inspiración con los otros y lo otro reconociendo su legitimidad y libre derecho de participación; porque mas allá de los estereotipos creados por la sociedad, los principios femenino y masculino no son antagónicos ni excluyentes, se encuentran impregnados en todo nuestro ser. Son una totalidad que buscan en la diferencia la unidad, armonía, gozo, cuidado y ternura para generar un cambio social más humano. Son opciones del vivir que nos acompañarán a lo largo de toda nuestra existencia, pero la forma de vivirlos y expresarlos dependerá del modo en que cada uno de nosotros los valoremos y actuemos.
“Lo biológico es culturizado y la cultura biologizada” (Muraro y Boff, 2004:37)
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La construcción social del género
Maturana (citado en Eisler, 1998) señala que la base de las relaciones humanas es el emocionar y convivir, transmitidos de generación en generación, a través de linajes, grupos y familias, de las que surgen las culturas. Para mostrar el proceso evolutivo del emocionar y vivir humano, distingue tres etapas o culturas: matrística, patriarcal y neomatrística.
La etapa matrística es considerada la más larga de la humanidad, probablemente existió desde hace tres o más millones de años. Su base emocional era la honestidad y colaboración entre los seres humanos. Hombre y mujer compartían un mismo lenguajear, tenían un profundo respeto por la vida, por el universo, por la naturaleza; vida y muerte representan procesos de regeneración con la madre tierra.
No existían diferencias en razón del sexo, hombre y mujer eran considerados creación sagrada, espiritual, prodigio de la naturaleza. La mujer representaba la imagen más cercana a una Diosa, porque de ella dependía el origen de la vida. Eisler (1996) denomina a este modelo, de coexistencia participativa, porque los principios masculino/femenino gobernaron juntos el mundo. Este modo de ser fue el principio de relaciones humanas solidarias y altruistas.
No obstante, este tipo de relaciones humanas se verán transformadas a partir de un nuevo emocionar y convivir que darán origen a una nueva etapa llamada cultura patriarcal. Maturana (citado en Eisler, 1998) piensa que esto ocurrió hace diez o doce mil años. Su base emocional será la desconfianza, el control, agresión, competitividad y dominio del hombre sobre todos las cosas y los seres vivos. El sentido de apropiación, impregnará las actividades de pastoreo y las sociedades cazadoras competirán entre sí para mostrarse poderosas y con poder absoluto.
En esta cultura el hombre será considerado un ser superior y la mujer será confinada a una vida de soledad y aislamiento. Eisler (1998) denomina a este modelo, de dominación, porque el control y autoritarismo masculino estarán presentes en todas las relaciones humanas, así como en el pensamiento espiritual y religioso.
En lo sucesivo esta cultura prevalecerá imponiendo creencias, costumbres, ritos, ideologías, religiones, mitos y fantasías. Será la base sobre la cual se desarrollará e impulsará el conocimiento científico, económico y político de las naciones del mundo. La humanidad será presa de los principios patriarcales, creando rivalidades, agresiones y competitividad entre todos los seres humanos. Hombres y mujeres serán divididos según su sexo, y aparecerá el género como una construcción cultural que los situará como antagónicos, asignándoles dos formas de Ser y hacer: una de trabajo, competencia, apropiación, agresión y transformación (principio masculino) y otra como cuidado, coexistencia y comunión con la realidad (principio femenino). De esta manera los principios masculino-femenino serán utilizados como instrumento de control para definir las relaciones humanas en las sociedades.
Sin embargo, Boff (citado en Muraro, 2004) señala que esta perspectiva representa una visión reduccionista y engañosa que limita la verdadera comprensión del concepto de género, pues tanto en el hombre como en la mujer coexisten al mismo tiempo los principios masculino/femenino, porque “lo femenino en el hombre y en la mujer es aquel momento de misterio, de integralidad, de profundidad abisal, de capacidad de pensar con el propio cuerpo, de descifrar mensajes escondidos bajo señales y símbolos, de interioridad, de sentimiento de pertenencia a un todo mayor, de receptividad, de atesorar en el corazón, de poder generador y nutridor de vitalidad y de espiritualidad” (Muraro y Boff, 2004: 59). Por tanto no son excluyentes, no son dualidades insuperables, sino fuente original de la vida.
“Cultura es una red cerrada de conversaciones que constituye y define una manera de convivir humano…” (Muraro y Boff, 2004:59)
“Masculino y femenino son un juego de relaciones que constituyen lo humano” (Muraro y Boff, 2004: 59)
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Desde esta afirmación masculino y femenino son recíprocos y complementarios. Lo masculino se expresa en el poder de organización exterior, lo femenino en su plenitud interior. En lo femenino emerge el cuidado, la ternura, el amor y la intimidad corporal; en lo masculino, la razón, conquista y apropiación. En lo femenino, el combate defensivo; en lo masculino el combate ofensivo; en lo femenino el viaje hacia dentro, hacia el corazón; en lo masculino el viaje hacia fuera, hacia el universo. Porque masculino y femenino existen en hombre y mujer, “como fuerzas productoras de identidad y de diferencias que se realizan en las muchas dimensiones de la realidad total” (Muraro y Boff, 2004: 59). Entonces, las diferencias que asignamos al hombre y a la mujer provienen de nuestra elaboración sociocultural, de la forma en la que vivimos estas diferencias y del valor que les asignamos en nuestra vida. Dice Eisler (1998) que el sexo no debe separarnos o distinguirnos, sino que debe ser un apoyo en la búsqueda de una consciencia superior y formas de organización cultural y socialmente más evolucionadas y equitativas.
Lo anterior solo será posible si transitamos hacia un nuevo paradigma de civilización, hacia una nueva cultura que recupere los principios de la cultura matrística y los beneficios alcanzados durante el patriarcado.
Dice Maturana (1993) que esta nueva cultura, a la que llama neomatrística y Eisler (1996) gilánica, se está gestando ahora y su base emocional son los principios de honestidad, solidaridad, colaboración, altruismo, confianza, creatividad, sinergia y el amor. Para lograrlo, Eisler (1998) propone la teoría de la transformación cultural, apoyándose en los principios del paradigma emergente de las ciencias: caos, incertidumbre, autoorganización, transdisciplinariedad, holismo, creatividad, etc, y en las nuevas ciencias de la vida. Para hacer realidad esta teoría, será necesario actuar sin simulaciones, ni falsedades, para reconocer el grado de participación que hemos tenido en la crisis que vivimos. Uno de los caminos más apropiados para iniciar esta transformación es el sistema educativo y sus instituciones escolares, pues en ellas se incuban los modelos de dominación que reproducimos como educadores.
Las relaciones de género en los sistemas educativos
Los sistemas educativos constituyen el mecanismo a través del cual se reproduce la cultura y los valores. Son la base sobre la que cada nación define al tipo de individuo que quiere para sí, pero también representan al instrumento mediante el cual se incuban los principios de control y autoritarismo de la cultura dominante.
Reflexionar y juzgar sobre sus efectos en los procesos formativos escolares en los que hemos participado, así como la relación que tienen con lo que hacemos y decimos en el desarrollo de nuestras prácticas pedagógicas, resulta fundamental para valorar sus consecuencias en la formación y desarrollo integral del ser humano. Sin duda, nuestras vidas se encuentran marcadas por los encuentros y desencuentros de la construcción social del género, lo que nos ha conducido como educadores a asumir comportamientos y conductas que son reflejo de ello, pero ¿de qué manera se introduce el género y sus principios masculino/femenino en los sistemas educativos y cómo los introyectamos en nuestros aprendientes?
Hoy en día los sistemas educativos, su estructura, funcionamiento y organización se encuentran atrapados en una grave crisis de credibilidad; por el excesivo centralismo y burocratismo que puede observarse en los siguientes componentes: normas escolares, niveles de escolarización, carreras profesionales, contratación docente, salarios y estímulos económicos docentes, reglas escalafonarias
“El sistema escolarizado es parte funcional de la sociedad, y a su vez, factor de su reproducción” (Peredo y Velasco, 2010:25)
“Para salir del patriarcado se requiere cambiar la red de conversaciones que lo constituye generando otra…” (Maturana, citado en Eisler, 1998:Xiii)
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de promoción, planes y programas de estudio, modelos de formación docente, modelos pedagógicos para enseñar, libros de texto, etc.; en cada uno de estos componentes subyace una visión “generalista” que privilegia lo masculino sobre lo femenino, como medio para imponer un sistema de vida que alienta la competencia, agresión y exclusión entre los seres humanos. Visión que desde las instituciones escolares es reproducida por los educadores como fieles instrumentos de enajenación y alienación, desempeñando roles de sumisión y obediencia por temor a trasgredir el estado de confort en el que los ha colocado el sistema. Todo lo anterior limita la acción educativa de los docentes y aprendientes y coloca a los sistemas educativos en una zona de riesgo que se agrava aún más, por los increíbles avances de la ciencia y la tecnología. El acceso al saber que representaba su monopolio y capital para persuadir, controlar y homogeneizar individuos, es rebasado por nuevos saberes, ideologías, creencias, costumbres y religiones, a las que se tiene acceso de forma inmediata, creando una nueva realidad y distintos modos de relacionarse que superan la dicotomía hombre/mujer y los principios masculino y femenino. Estos cambios están modificando la clásica función asignada a los docentes como simples transmisores de información y el papel de los alumnos como meros receptores de saberes disciplinares, para dar paso a la figura de un docente co-gestor, co-constructor de los aprendizajes y a un aprendiente que cuestiona lo que se le enseña, la forma en la se le enseña, las actividades que se le imponen y reclama aprendizajes significativos de acuerdo con la realidad en la que vive. La importancia de estas transformaciones y el tipo de relaciones que se construyen en la escuela, adquieren un papel de primer orden, porque marcarán en lo sucesivo la construcción de nuevos escenarios y ambientes de aprendizaje en las que los aprendientes vivirán procesos educativos de mayor equidad y respeto de sus derechos. En estos nuevos escenarios educativos las acciones de los docentes deberán evitar el lenguaje sexista y de género que divide. Roles, actividades, juegos, talleres, eventos culturales, concursos, expectativas y permisos, deberán ser organizados de forma inclusiva, para promover relaciones de igualdad y equidad, creando una nueva consciencia de integridad, colaboración y respeto por los derechos humanos fundamentales de libertad, igualdad, justicia y democracia. La práctica docente deberá transitar hacia modos de convivencia y de relaciones humanas más amorosas, tiernas y placenteras en las que se recupere el gusto por aprender. Las experiencias de aprendizaje en las que participen nuestros aprendientes para promover su autonomía, libertad y respeto, les brindará la confianza y seguridad para acceder a niveles mayores de escolaridad y a tomar decisiones respecto de sus vidas y su porvenir, en igualdad de condiciones y en armonía con sus semejantes sin diferencias de sexo o género. De esta manera, el género como una construcción social y su predominio masculino sobre todas las cosas, adquirirá un nuevo significado para establecer relaciones entre los aprendientes de mayor inclusión. Los seres humanos dejarán de ser un producto, una cosa, un capital “rentable”, un patrimonio que proporciona ganancias, privilegios y poder para la élite dominante. Aunque la estructura de los sistemas educativos parece ser inamovible y de difícil reacción al cambio, porque se encuentra supeditada a un sistema autoritario que deja poco margen para la libertad de hacer y Ser en el aprender autónomo, se considera que es momento de intentar, desde los principios que están emergiendo de las nuevas ciencias de la vida y de los postulados del paradigma emergente de las ciencias, una transformación cultural que aliente la construcción de una nueva consciencia individual y social que permita relaciones de género más justas y solidarias.
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En esta transformación, deberán involucrase no solo los responsables o administradores de los sistemas escolares, o lo docentes y aprendientes, sino además la sociedad y los padres de familia, porque en ellos se encuentra el primer núcleo de socialización que reciben los aprendientes y constituye la referencia de base con las que los aprendientes acceden a la escuela. Por tanto, su papel en este proceso de transformación será fundamental para compartir responsabilidades y tareas en una actividad que deberá ser de conjunto. En esta mirada crítica a los sistemas educativos, se hace evidente una series de comportamientos y actitudes de los docentes como: enajenación, desencanto, simulación, fatiga, pereza, conformismo, sujeción directiva, (Peredo y Velasco, 2010), componentes implicados que reproducen un sistema de sometimiento que atenta contra la dignidad y la autonomía del aprendiente y del profesor, provocando hastío y desencanto por aprender. Dice Boff (citado en Muraro, 1998) que la crisis que vivimos, en prácticamente todos los órdenes de nuestras vidas, está provocando una transición histórica, un punto de mutación que dará origen a un nuevo paradigma de civilización, en el que emergerán relaciones humanas más justas, equitativas y solidarias; en este proceso, la acción de los docentes será fundamental para trazar el camino y generar escenarios que hagan posible una verdadera transformación educativa.
Equidad de género y libertades humanas: propuesta para la transformación educativa.
De lo dicho hasta ahora, es evidente que necesitamos crear nuevos espacios relacionales para transformar el imaginario social construido por la cultura patriarcal. Pero ¿cómo construir nuevos espacios relacionales desde la acción educativa? ¿Cuál es el punto de partida para acceder a un nuevo paradigma de civilización? ¿Qué acciones desde la docencia se pueden emprender para construir relaciones de equidad y respeto, desde la autonomía del aprendiente? ¿Cómo ayudar a nuestros aprendientes a que asuman con autenticidad su condición humana y ciudadana, como miembros de una comunidad que tiende a ser gilánica? Dar respuesta a estas preguntas resulta una tarea compleja y difícil, porque nadie puede ostentarse como dueño de la verdad; no obstante, en un intento o aproximación se compartirán algunas reflexiones que permitan esbozar una propuesta de transformación educativa. Dice Krishnamurti (1993) que nuestro mayor reto en la vida es ser libre, libre en lo interior y en lo exterior. Libre para admirar al universo, para gozar de las maravillas de la naturaleza, para recrearnos con la vida, para disfrutar de la familia, los amigos, para enseñar y ser enseñado. Pero para lograrla es necesario despojarnos de las ataduras del pasado, de cinismos, miedos, corajes, frustraciones y simulaciones; porque nadie que pretenda ser libre puede andar por la vida cargando con todas estas actitudes y resentimientos. Ser libres es prescindir de sistemas y de una excesiva disciplina, porque la disciplina nos encajona, nos vuelve rutinarios, nos convierte en presas fáciles de alienación y control y nos impide mirar la realidad por cuenta propia. Para generar nuevos espacios relacionales desde la acción educativa, el primer compromiso es buscar nuestra propia libertad; libertad para Ser, actuar, tomar decisiones, innovar. De tal manera que en un ejercicio interno de reflexión, nos demos la oportunidad de cambiar nuestras actitudes, comportamientos y prejuicios; para decidir qué enseñar, cómo enseñar y cuando enseñar; tomando en cuenta las necesidades de aprendizaje de nuestros aprendientes. Libertad que deberá traducirse en el fortalecimiento de relaciones de cooperación, solidaridad, armonía, y de respeto por los otros y lo otro, sin categorizaciones ni adjetivos en razón del sexo y del género.
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Esto abrirá la posibilidad para que los aprendientes, opinen, juzguen y valoren sus historias de vida, sus oportunidades de desarrollo, los problemas educativos que han experimentado, sus limitaciones, lo que son y hacen; en una palabra, se reencuentren y recuperen su autoestima y confianza. Para hacer posible esta libertad es necesario crear un nuevo fluir emocional que recupere los principios de la cultura matrística como la honestidad, colaboración, altruismo y cooperación. Estos principios deberán ser vividos por los docentes y expresados en su actuar, en sus planeaciones, rutinas, lenguajes, comportamientos y conductas; deberán convertirse en una forma de vida que no sólo mostrará en la escuela, sino en todos los espacios relacionales en los que se desenvuelve. Bajo lo descrito, una propuesta de transformación educativa que pretenda lograr lo anterior, conlleva que los aprendientes comprendan que el género es una construcción subjetiva, social, que representa tan solo una cara de la moneda, pero que oculta la otra; que masculino y femenino existen integrados en hombre y mujer, de tal suerte que puedan recuperar para si su condición de seres humanos, su capacidad de amar, sentir, de expresar emoción y placer por aprender, pues de esta manera su paso por la escuela no se convertirá en una pesada carga impuesta por la sociedad. Desde estas reflexiones, los descubrimientos de las nuevas ciencias de la vida, los principios filosóficos de las culturas orientales –hinduismo, taoísmo y el zen- que ven la vida como cambio, transformación, como regeneración, como oportunidad de abrirse a la turbulencia de un mundo complejo, dinámico, siempre en constante movimiento (Racionero, 1993); así como los principios del paradigma emergente de las ciencias –caos, incertidumbre, complejidad, creatividad, holismo, transdisciplinariedad, etc.- nos brindan la posibilidad de co-construir una nueva educación que supere la estrechez y fragmentación de las relaciones humanas que vivimos. Sustentado en estos principios, la propuesta de transformación educativa puede girar en torno del nodo “Equidad de género y libertades humanas”. La idea es transitar hacia un cambio intencional y consciente de nuestros aprendientes, a partir del análisis de casos, experiencias de vida, videos, etc., de temas transversales y transdisciplinares que les resultan significativos, y que no representen una carga adicional para el docente, sino que puedan ser vistos y vividos en el desarrollo de las actividades escolares cotidianas. En función de lo anterior, algunos de los temas que pueden ser utilizados en forma transversal por los docentes para sensibilizar a los aprendientes respecto de la equidad de género, la libertad y los derechos humanos pueden ser los siguientes:
1. Nuestra condición humana: ser y hacer
2. La construcción de nuestras subjetividades (historias de vida)
3. Las nuevas parentalidades
4. La interpretación de la vida escolar a partir de la equidad de género
5. La autoorganización y el aprendizaje autónomo
6. Libertad y creatividad para aprender
La idea de presentar una lista de nodos de ninguna manera es impositiva, en el fondo, los nodos representan tan solo el pretexto para que se ponga en el tapete de la discusión el tema del sexo y el género, a fin de iniciar procesos de diálogo, discusión y reflexión que nos permitan, desde el inicio ir entramando nuevos espacios de convivencia que deriven en la construcción de nuevas relaciones sociales, en donde el docente será un co-gestor, un elemento más del entramado y los aprendientes sujetos activos, críticos y propositivos, que en la interacción con el grupo den cuenta de sus necesidades, deseos, aspiraciones y perspectivas personales. Como toda propuesta, el punto de conflicto puede ser la simulación a la que tanto estamos acostumbrados, y que los docentes aborden los contenidos desde una visión academicista, perdiéndose el verdadero sentido de esta experiencia, que es vivir las relaciones de género de manera directa, en carne propia y no a partir de conceptos académicos.
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Como se señaló en párrafos anteriores, dar respuesta a las interrogantes con las que se inició este apartado, no solo dependerá de nuestro saber y experiencias, sino de la convicción para actuar que tengamos. La propuesta es un llamado a la creatividad, sensibilidad, libertad, solidaridad; a abrir nuestro corazón emoción, pasión, a formas renovadas de comprensión del Ser persona y a descubrir lo valiosamente humano en el proceso de crecimiento de género.
Razón, emoción y acción, representan las cartas con las que iniciamos este juego, la forma de combinarlas o cambiarlas, dependerá de nuestras habilidades para saber jugar y relacionarnos, dándole un nuevo sentido a la educación que permita que nuestros aprendientes recuperen la ternura, caricia, el gozo y el placer por aprender, a partir de relaciones amorosas y cálidas, pero sobre todo más humanas.
Conclusiones
A lo largo de este trabajo se han descrito los efectos de la construcción social del género en nuestras relaciones humanas, se señaló que la cultura patriarcal se encuentra en punto de mutación en la que su existencia se encuentra al borde de un colapso, debido a las desigualdades, inequidades y condiciones de marginación en las que ha colocado a las mujeres y a los hombres, por su persistencia en verlos como antagónicos. Se señaló también que debido al autoritarismo del modelo de dominación patriarcal, se necesita transitar hacia un nuevo orden social más justo y humano, que haga posible la aparición de nuevas relaciones humanas, en las que se recuperen los valores de honestidad, colaboración y altruismo de la cultura matrística, así como los beneficios en la ciencia, la educación y la tecnología de la cultura patriarcal, para darle forma a una nueva cultura llamada neo-matrística que está ya por emerger y que solo requiere de la acción decidida de los seres humanos para crear un nuevo emocionar y lenguajear que nos conduzca a ella. Se enfatizó también que la presencia del modelo de dominación, ha invadido los sistemas escolares, creando relaciones de exclusión y violencia institucional en hombres y mujeres, al categorizarlos a partir del sexo y género, provocando una crisis de identidad y de conciencia humana. De destacó también que este autoritarismo y control ejercido por los sistemas educativos, a partir de su estructura, organización y funcionamiento limita la acción educativa creativa del docente y lo convierte en instrumento de alienación de las futuras generaciones de aprendientes, bajo la amenaza institucional de perder su estabilidad laboral. Todo lo anterior permitió presentar una propuesta de trasformación educativa, cuyo nodo generador es la “Equidad de género y las libertades humanas”. La base para operar esta propuesta se encuentra en reconocer que nuestro gran reto en la vida es ser libres en lo interno y en lo externo. Asimismo se sugirió que dicha propuesta se sustente en los principios de la cultura neo-mastrística, así como en los principios filosóficos orientales y del paradigma emergente de las ciencias, por representar una nueva forma de comprender los nuevos desafíos educativos. Se enunciaron algunos de los posibles nodos o temas que pueden ser el punto de partida para operar, en las instituciones escolares dicha propuesta de transformación educativa, enfatizando que de ninguna manera representan un listado de temas categóricos, pues estos son tan solo el pretexto para dialogar, juzgar y valorar los efectos de la relaciones que generamos todos los días en los diversos espacios en los que convivimos.
Si queremos transformar la educación es necesario actuar con decisión y empeño, evitando las simulaciones que tanto daño le han causado a nuestro sistema educativo. Nuestro gran desafió es reconocer la esencia del ser humano, sin distingo cultural e ideológico de ser hombre o mujer para
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modificar la imagen de sí mismo, de sí misma y de la otra y de lo otro, lo que implica una verdadera transformación en el Ser y en el hacer, en el modo de pensar y hasta en el modo de soñar.
Referencias bibliográficas
 Eisler, Riane (1998). Placer sagrado. Sexo, mito y política del cuerpo. Chile: Cuatro Vientos Editorial (Volumen 1).
 Eisler, Riane (1996). El cáliz y la espada. Nuestra Historia, nuestro futuro. Chile: Editorial Cuatro Vientos.
 Gutiérrez, Francisco y Cruz Prado (2000). Género y nueva ruralidad. Proceso en construcción. Editorial IICA.
 Krishnamurti, Jiddu (1993). La libertad interior. Barcelona: Editorial Kairós.
 Maturana, Humberto y Verden-Zöller, Gerda (1993). Amor y juego. Fundamentos olvidados de lo humano. Desde el patriarcado a la democracia. Chile: Instituto de Terapia Cognitiva.
 Muraro, Rose M. y Boff, Leonardo (2004). Femenino y masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias. Madrid: Editorial Trotta.
 Peredo, Beatriz y Velasco Toro, José (2010). Apatía. Reflexiones para la transformación educativa. Xalapa, México: Editorial Arana
 Racionero, Luis (1993). Oriente y Occidente: Filosofía oriental y dilemas occidentales. Barcelona

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